Hacía mucho tiempo que no escribía por aquí, pero hoy me he despertado con ganas.
A continuación reproducimos el contenido íntegro de la carta enviada al presidente del Gobierno por Mariano Rajoy sobre los pactos en Educación. Observe las palabras subrayadas en negrita y piense que Rajoy se jacta de escribir sus propios discursos.
Estimado Presidente:
Creo que convendrás conmigo en que la educación debe ser un escenario de encuentro y no de confrontación entre los partidos políticos.
Ambos somos conscientes de que a pesar de los esfuerzos que hemos realizado a lo largo de estos años de democracia, no podemos sentirnos satisfechos del balance que exhibe la educación.
Los informes nacionales e internacionales confirman esta impresión. Lo sabes también como yo. Somos padres y conocemos de primera mano la pobre imagen que proyectan nuestras aulas. El alto índice de fracaso escolar; el abandono prematuro de muchos estudiantes que no completan su formación; el descenso de nivel en los conocimientos humanísticos y científicos de los alumnos y las enormes dificultades que tienen muchos de los centros de enseñanza a la hora de mantener un clima favorable al estudio son, entre otros, algunos de los problemas que aquejan a nuestra educación.
Creo que sólo el desarrollo de reformas basadas en principios educativos sólidos e incontestables pueden hacer que despejemos las incertidumbres que penden sobre nuestra educación y podamos ver su futuro con optimismo. Para ello es necesario que nos desproveamos de prejuicios e ideas preconcebidas y trabajemos juntos con el único objetivo de mejorar la calidad de la educación, ofreciendo auténticas oportunidades a nuestros jóvenes.
De ahí que quiera transmitirte mi preocupación porque el proyecto de ley orgánica de educación que promueve el gobierno que presides ha generado una profunda división en la sociedad española, suscitando un amplio rechazo entre las familias y el profesorado y provocando una atmósfera de malestar e incertidumbre en amplios sectores de nuestra opinión pública.
Estarás de acuerdo conmigo en que todos debemos ser sensibles a este estado de opinión. Los españoles nos reclaman un sistema educativo estable, capaz de atender los problemas reales que viven los alumnos, los centros educativos, el profesorado y las familias.
Sé que los dos estamos de acuerdo en que este objetivo es prioritario para ambos ya que está más allá de nuestras legítimas diferencia políticas. De hecho, sabemos que es un objetivo vital para nuestra sociedad y su futuro. Por eso, debemos mostrar en este tema altas dosis de responsabilidad y generosidad.
Te pido que apartemos nuestras diferencias y hagamos todo lo que esté en nuestras manos para acordar unas bases de consenso estables y duraderas en torno al pacto constitucional que quedó plasmado en el artículo 27 de nuestra Carta Magna.
Sé que no será fácil. Estamos ante un objetivo lleno de dificultades. Debemos encontrar una fórmula de acuerdo ambiciosa en su voluntad de concordia; una fórmula viable y sensata, alejada de apriorismos partidistas y en la que puedan atenderse las legítimas aspiraciones de las familias y los diferentes sectores educativos.
Quizá te parezca discutible esta opinión, pero creo que la ley orgánica de educación no presenta las condiciones que hagan posible ese objetivo que te comento. Por eso, te pido que abramos una pausa de reflexión con el fin de iniciar un diálogo sereno entre las fuerzas políticas y el mundo educativo para diseñar entre todos un proyecto educativo ilusionante y compartido que sea fiel a los principios constitucionales que dibujan el complejo escenario de la educación.
Creo que han de ser la libertad, la calidad y un sistema educativo vertebrado, capaz de garantizar una formación común básica a todos los españoles y orientada hacia una plena igualdad de oportunidades, los ejes sobre los que debería descansar el proyecto educativo del que te hablo y al que te invito que contribuyamos a materializar con todo nuestro esfuerzo y dedicación. En fin, un proyecto educativo a la altura de las oportunidades que espera una generación de jóvenes que sólo así podrá contribuir a seguir haciendo posible el bienestar y la prosperidad de la España del siglo XXI.
Por todo ello, te expreso mi plena disposición para que junto podamos trabajar en pos de tan ilusionante proyecto.
Recibe un cordial saludo
Mariano Rajoy
Presidente del Partido Popular
17 nov 2005
19 may 2005
MAR
PARTE 1: La Poesía
Noche
Árboles pelados, cemento frío y húmedo, farolas que tartamudean. Sus pasos resuenan en el aire, únicos testigos de la vida. Como una casa abandonada de improviso, así siente las calles de la ciudad cuando camina de madrugada.
Respira con fuerza el oxígeno helado de invierno, disfruta de la sensación de ser el único dueño de lo que pronto será propiedad de miles de viandantes y vehículos nerviosos.
Cada madrugada hace el mismo recorrido, así lo han decidido. Él escribe por la noche hasta que las manillas del reloj marcan la hora señalada. Coge entonces una pelliza y su paquete de rubio para dirigirse hacia el pequeño ático con olor a mar.
Mientras, en la habitación que deja, los poemas a medio hacer flotan y juegan entre sí empujados por el aire del norte.
Un basurero empapado, vigía y farero del amor furtivo, enciende un cigarro cerca del portal.
Las buenas noches suenan como el susurro cerca de un dormido y el espejo del ascensor devuelve el brillo de los ojos ansiosos de carmín.
Noche
Árboles pelados, cemento frío y húmedo, farolas que tartamudean. Sus pasos resuenan en el aire, únicos testigos de la vida. Como una casa abandonada de improviso, así siente las calles de la ciudad cuando camina de madrugada.
Respira con fuerza el oxígeno helado de invierno, disfruta de la sensación de ser el único dueño de lo que pronto será propiedad de miles de viandantes y vehículos nerviosos.
Cada madrugada hace el mismo recorrido, así lo han decidido. Él escribe por la noche hasta que las manillas del reloj marcan la hora señalada. Coge entonces una pelliza y su paquete de rubio para dirigirse hacia el pequeño ático con olor a mar.
Mientras, en la habitación que deja, los poemas a medio hacer flotan y juegan entre sí empujados por el aire del norte.
Un basurero empapado, vigía y farero del amor furtivo, enciende un cigarro cerca del portal.
Las buenas noches suenan como el susurro cerca de un dormido y el espejo del ascensor devuelve el brillo de los ojos ansiosos de carmín.
9 abr 2005
Camila
Las masas amaban a Lady Di, pero a mí la historia que realmente me seduce es la de Camila. Diana era guapa y ésta parece ser fea. Diana soñaba con ser princesa y ésta amaba al príncipe. Me parece una historia bella, novelesca, no la de Diana, sino la otra. Treinta años como amantes. Amarse durante treinta años no debe ser fácil, no creo que haya muchos matrimonios que duren tanto. Sí, treinta años como amantes repudiados es una buena novela del XIX, morir con un amante rico en un accidente es un best seller de finales del XX.
14 feb 2005
La ventana
Hoy el Sol luce como sólo en esta tierra puede hacerlo. El azul del cielo es claro como el mar y unas pocas nubes tímidas lo cruzan con tranquilidad. Absorto, mi mirada se pierde a través de la ventana. Me recuerdo en esta misma posición hace años: escuchando el Ok Computer por primera vez, escribiendo en papeles perdidos, estudiando a ratos, leyendo los cien años de soledad de los Buendía.
Recuerdo también aquella chica de la casa de en frente. Cómo la intentaba espiar sin disimular y cómo ella se dejaba ver disimulando que no se daba cuenta de nada. Era para mí su piel un deseo de noches en vela, que se transformaba en dulces ensoñaciones y poemas malos. Recuerdo cuándo descubrí que se había echado novio, un cortijero con un coche grande y cómo yo sufrí aquel tremendo rechazo. Años más tarde la vi, hablé con ella y me pareció tan vulgar, que no podía explicarme cómo demonios había podido desearla.
Desde esta ventana también podía ver cuándo venían a buscarme aquellos amigos de la mocedad, todos ellos con sus respectivos apodos y artículos: el Pollo, el Dumbo, el Webster, el Lute. Recuerdo nuestras partidas eternas a las cartas y los sudores de manos ante la pérdida de dinero, porque siempre se jugaba con apuestas. Bueno, en realidad las deudas se acumulaban y sólo algunos fines de semana se hacían efectivas entre cubatas. Llevar aquellas cuentas era difícil porque todo el mundo debía algo a alguien y hasta que no te pagaban lo que te debían, uno no soltaba lo que debía, con lo que creo que prácticamente no se pagaba nunca.
Recuerdo aquellas noches de marcha donde sólo hablábamos de ligar y nadie ligaba porque todos éramos más que tímidos. También me acuerdo de las primeras borracheras y de las visitas a los coches aparcados junto al campo de fútbol donde iban las jóvenes parejas a desahogarse. Recuerdo también aquella leyenda del Biñolo, uno que se tiró a una chica y lo grabó en una cinta de vídeo, que todo el mundo decía haber visto.
Sigo mirando y recuerdo cómo me fui apartando de estos chicos a medida que yo iba pasando los cursos en el instituto y ellos dejaban los estudios para trabajar en el campo y ganar dinero. Tirando del hilo de la memoria, recuerdo que una de las últimas veces que hablé con el Webster, me dijo que el Lute se había ido a vivir con la Rubia, que era una mujer casada con otro cuando yo la conocí y que podría tener quince años más que él. Habían montado un bar juntos.
Recuerdo también cómo varios de ellos celebraron su entrada en la mayoría de edad con una puta del 'Golden Star' o cómo el padre del Dumbo, alcohólico empedernido, murió un día totalmente borracho.
Y así sigo recordando ocho o diez años más tarde frente a la misma ventana de mi mocedad.
Recuerdo también aquella chica de la casa de en frente. Cómo la intentaba espiar sin disimular y cómo ella se dejaba ver disimulando que no se daba cuenta de nada. Era para mí su piel un deseo de noches en vela, que se transformaba en dulces ensoñaciones y poemas malos. Recuerdo cuándo descubrí que se había echado novio, un cortijero con un coche grande y cómo yo sufrí aquel tremendo rechazo. Años más tarde la vi, hablé con ella y me pareció tan vulgar, que no podía explicarme cómo demonios había podido desearla.
Desde esta ventana también podía ver cuándo venían a buscarme aquellos amigos de la mocedad, todos ellos con sus respectivos apodos y artículos: el Pollo, el Dumbo, el Webster, el Lute. Recuerdo nuestras partidas eternas a las cartas y los sudores de manos ante la pérdida de dinero, porque siempre se jugaba con apuestas. Bueno, en realidad las deudas se acumulaban y sólo algunos fines de semana se hacían efectivas entre cubatas. Llevar aquellas cuentas era difícil porque todo el mundo debía algo a alguien y hasta que no te pagaban lo que te debían, uno no soltaba lo que debía, con lo que creo que prácticamente no se pagaba nunca.
Recuerdo aquellas noches de marcha donde sólo hablábamos de ligar y nadie ligaba porque todos éramos más que tímidos. También me acuerdo de las primeras borracheras y de las visitas a los coches aparcados junto al campo de fútbol donde iban las jóvenes parejas a desahogarse. Recuerdo también aquella leyenda del Biñolo, uno que se tiró a una chica y lo grabó en una cinta de vídeo, que todo el mundo decía haber visto.
Sigo mirando y recuerdo cómo me fui apartando de estos chicos a medida que yo iba pasando los cursos en el instituto y ellos dejaban los estudios para trabajar en el campo y ganar dinero. Tirando del hilo de la memoria, recuerdo que una de las últimas veces que hablé con el Webster, me dijo que el Lute se había ido a vivir con la Rubia, que era una mujer casada con otro cuando yo la conocí y que podría tener quince años más que él. Habían montado un bar juntos.
Recuerdo también cómo varios de ellos celebraron su entrada en la mayoría de edad con una puta del 'Golden Star' o cómo el padre del Dumbo, alcohólico empedernido, murió un día totalmente borracho.
Y así sigo recordando ocho o diez años más tarde frente a la misma ventana de mi mocedad.
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