14 may. 2008

Últimamente...

ando algo perdido...

Eso es lo que cantaba un tal Ismael Serrano hace unos diez años y ahora me viene ese verso al pelo para definir lo que ocurre en este blog.

Tiene su cosa utilizar a Serrano. Primero, porque siempre lo he considerado un pesado -lo siento, Esther, Patxi-. Segundo, porque empezó en el Libertad 8.

Perdido, pero porque el mundo real me ha atrapado. Mucho trabajo. Pero también alguna que otra celebración y mi 'reestreno' como contador. Mucha actividad últimamente.

Estuve un par de días en Londres con el trabajo. Pude ver a Edu, flamante corresponsal del periódico y amigo -esto fue hace ya casi 15 días-.

He entrado recientemente en el club de los 28 años y tengo que dar las gracias a todos los que se pasaron por casa el sábado -también a todos los que se acordaron pese a estar lejos, como Fede y Megüi-.

El domingo ocurrió algo que quizá no olvide nunca. En el mencionado y mítico Libertad 8 se nos dio la oportunidad de contar un cuento a todos los que habíamos participado en el taller de Anselmo.

Aquí debo decir que me he pasado gran parte del taller con bastantes nervios cuando me tocaba contar frente al resto de los alumnos. Pero el domingo algo ocurrió. No sé muy bien qué fue, pero me liberé de las ataduras de los últimos meses. De los sinsabores del trabajo y de los sentimientos de inseguridad que me han rodeado desde hace algún tiempo.

Lo he analizado y creo que fue el duende que se apoderó de la sala lo que me 'liberó'. Había tanto buen rollo en aquel lugar y mis compañeros contaron tan bien que me olvidé en cierto modo de que pronto me tocaría a mí. Simplemente, me dejé llevar y volé a los juegos de la infancia, con todos los cuentos de unos inspiradísimos compañeros -Patxi estuvo soberbio, como siempre-.

De hecho, mi mayor miedo entonces -me tocó contar el sexto de nueve- era no estar a la altura y que bajara mucho el nivel de una tarde mágica. Pero cinco minutos antes de lanzarme al ruedo decidí que utilizaría una estratagema para liberar nervios. "Hazte amigo de ellos", nos solía decir Anselmo en el taller. Así que me presenté con un: "Hola, soy Jose y mis nervios". Y las risas y sonrisas que me devolvió el público fueron tan cálidas, que se rompieron los temores y disfruté contando, que en definitiva es a lo que habíamos ido allí.

Pero lo mejor de todo fue disfrutar con los compañeros del taller y de las personas que acudieron a vernos de una tarde mágica, con risas, lágrimas, amores y explosiones. No todos los días tiene uno la oportunidad de actuar en el Libertad, así que había que aprovechar el momento.

Muchas gracias a todos.

PD: no he contado lo del himno de la Espalegría porque me avergüenza mucho :-) El que quiera saber más tiene los blogs de Patxi y Angie

1 comentario:

Fede dijo...

Jajaja... en el blog de Patxi no se contaba nada, pero en el de Angie POR FIN me he enterado de lo del Himno de la Espalegría... cojonudo XD

Me hubiera encantado estar allí para partirnos de risa todos juntos... y en general para escuchar vuestros cuentos, que habría disfrutado muchísimo.

Un abrazo!

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