1 nov. 2007

Cinco minutos de escritura...

Me siento frente a la pantalla. No tengo brújula ni mapa. Voy sin rumbo fijo.

Recuerdo un atardecer rojo, caluroso. ¿Era entonces un niño? Una ventana en un séptimo piso. El sol brilla con fuerza. Un poco más tarde recorro las calles en bicicleta. Me confío, suelto las manos y llego a una curva. La rueda patina, pierdo el equilibrio. Caigo de bruces contra el suelo.

Ahogo el llanto en el orgullo. Aprieto con fuerza la mandíbula para no verter las lágrimas. La rodilla sangra. Cojeo y arrastro la bici hasta la casa de mi abuela. El alcohol escuece. Mucho. Pero aguanto otra vez. Quiero ser un niño duro. Pero cómo escuece. Me miman. Ahora me escuece más el orgullo que la rodilla.

Cierro la ventana. Apago la sesión por hoy.

3 comentarios:

Patxi dijo...

Me ha encantado este post, Jose, tiene mucha fuerza. No es fácil relatar algo tan doméstico y que impacte como este relato hiper-breve hace. Ojalá sigas sorprendiéndome con más relatos como este, son una gozada.

JAC dijo...

¡Patxi pelota! que no, que es broma, a mi también me ha molado mucho este relato.

Jose dijo...

Gracias, intentaré escribir más a menudo. Me sienta bien y me hace más guapo, creo yo.

:-P

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